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Vicente Verdú y los videojuegos

December 17, 2005

Vicente Verdú y los videojuegos

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  1. La polinización sobre lo vacuo.

    Asistimos a un resurgir del posicionamiento arribista en todos los ordenes de las relaciones sociales. Desde que el término progreso calara tan profundamente en el consciente colectivo, éste se nos aparece como la única posibilidad que tiene la vida de no verse secuestrada por fuerzas telúricas.

    Progresar es una magnitud cuantitativa que nos señala algo más allá de los límites personales o ambientales. Progresar atraviesa tangencialmente el movimiento pendular de la historia, como flecha que Cupido nos lanzara en un envite a la transgresión de lo materialmente posible.

    En términos personales, una de las estrategias del arribista, es considerar como virtud aquello que fue considerado perjudicial, alabar todo aquello otro que en su día fue objeto de crítica, abrazar lo que se repudiaba, llegar a reconocer como revolucionario aquello que era absolutamente reaccionario. Un homenaje a la mediocridad que por fin se legitima reconociéndose

    El colmo del arribismo se inscribe en ese pensamiento tan profundamente secreto que se concreta en aceptar por encima de cualquier otro criterio aquel que proclama que “sólo lo que es beneficioso para mí lo es para todos los demás”.

    Llegar a reconocer como revolucionaria a la propia sociedad de consumo es a lo que está dispuesto uno de los quintacolumnistas ilustrados de la sociedad del capitalismo de ficción, y todo para obtener un best seller editorial y así Progresar, sacando tajada de una actitud eminentemente arribista.

    No importa sentirse necio, estéticamente es más presentable en la actualidad que sentirse digno. Pero no debe asociarse desprecio con dignidad, pues la actitud despectiva es más una faceta de la indignidad que representa al carácter miserable, que sólo reconoce su valía a través del menoscabo del otro.

    Pero la cultura del consumo es el siguiente paso a la cultura del trabajo, del gasto al de la producción, del derroche al del ahorro, de lo virtual como sustitutivo de lo físico. La virtualidad del placer del consumidor ha desplazado a la de la ideología que aún quería imponer su razón, a la satisfacción inmediata del deseo compulsivo por una paciente espera del amanecer. Hoy se dan las condiciones para una espermatización precoz y aséptica, cuya morfología diseña la industria de la comunicación.



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